Anoché escuché a un ruiseñor. En el momento en que la noche se hizo totalmente oscura, empezó a cantar. Su canto no era muy distinto al de otros pájaros, con trinos, gorjeos, pios y más gorjeos, pero lo emitia en mitad del silencio de la noche, en la oscuridad o a la luz de la luna, desde algún lugar misterioso y oculto entre las ramas negras.