Esta mañana, metiendo las cosas de la cena en el lavaplatos, se me rompió una copa con restos de vino, en medio de la cocina recien limpia. Vuelta a limpiar.
Cuando termino de desayunar, me tropiezo con un cable y los restos del té fueron a parar directamente al faldón de la mesa. Quito el faldón y lo pongo a lavar. Ya pensaba que se acabarian los desaguisados cuando en esas derramo el bote del polvo quitamanchas encima de la ropa que tenia para planchar. Bueno, tranquila. Tengo todo el dia por delante para hacer cuatro o cinco lavados más.
Casi se me habian olvidados todos esos percances cuando se me derrama una copa llena de vino encima del sillón y del puf donde se sientan los perros. !Menos mal que tienen fundas! !Mas lavados!. Cuando llevo la bandeja a la cocina, plaf! segunda copa rota del dia.
Vamos a ver. Esto se está pasando ya de castaño oscuro. Me levanté esta mañana con mi mejor sonrisa. Todo estaba en su sitio. Paseo por la playa con una amiga portuguesa y cuando llego a casa, recibo la noticia de que mi amiga Concha vendrá a visitarme a final de mes con la promesa de ayudarme con el feng shui de la casa. Todo perfecto. ¿que pasa aquí?.
Decido leer un rato y voy por un libro de Luciano de Crescenzo que nunca me falla. Cae del libro una hoja escrita por mi, con un poema de Marco Valerio Marcial, dedicado a su amigo Tulio Marcial. El libro es de 1985 y esa hoja parece llevar allí mucho tiempo, pero no puedo recordar cuando la copié y por qué se quedó olvidada, precisamente en ese libro. Copio el poema, aunque solo sea para alejar a los malos espíritus:
Las cosas que hacen feliz, / amigo Marcial, la vida, / son: el caudal heredado, / no adquirido con fatiga; / tierra al cultivo no ingrata; / hogar con lumbre continua; / ningún pleito, poca corte; / la mente siempre tranquila; / sobradas fuerzas, salud; / prudencia, pero sencilla; / igualdad en los amigos; / mesa sin arte, exquisita; / noche libre de tristezas; / sin exceso en la bebida; / mujer casta, alegre, y sueño / que acorte la noche fría; / contentarse con su suerte, / sin aspirar a la dicha; / finalmente, no temer / ni anhelar el postrer día





