martes, 16 de junio de 2009

Estudio

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Apenas te conozco y ya me digo:
¿Nunca sabrá que su persona exalta
todo lo que hay en mí de sangre y fuego?

¡Como si fuese mucho
esperar unos días -¿muchos, pocos?-
porque toda esperanza
parece mar del Sur, profunda, larga!
Y porque siempre somos
frutos de la impaciencia bosque todos.
Apenas te conozco y ya arrasé
ciudades, nubes y paisajes viajes,
y atónito, descubro de repente
que dentro estoy de la piedra presente
y que en cielo aún no hay un celaje.

Cómo serán estas palabras, nuevas,
cuando ya junto a ti, salgan volando
y en el acento de tus manos vea
el límite inefable del espacio.

Carlos Pellicer

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Aunque vengas mañana
en tu ausencia de hoy
perdí algún reino.

martes, 9 de junio de 2009

Rubén Darío

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"Plural ha sido la celeste historia de mi corazón"

Don de Lágrimas

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Con el tiempo, uno vuelve a llorar como los niños, por lo que sea. Llora con más frecuencia que de joven, pero también con más pudor que nunca. Porque con el tiempo uno aprende a mirarse cuando llora, y eso lo seca todo.

Antes, siempre que recordaba a mi padre me sentía huérfana y en el derecho a llorar por él y por mí con todas las lágrimas que desde niña guardé para cuando se muriera. Pero lo recordaba menos que ahora. Ahora lo pienso por lo menos una vez al dia, sólo que cuando voy a llorar más de dos lágrimas me miro las manos y pienso que a mi edad no tengo derecho a llorarlo.

Si la cabeza no se metiera en lo que no le importa, uno podria llorar como quien duerme, para descansar. No habria que sentir verguenza de llorar y no nos importaria que todo el mundo oyera nuestros gemidos en el cine y por supuesto que podríamos acompañar a otros en sus lágrimas cuando los vemos sufrir sabiendo que no hay cómo ayudarlos. Si es tan natural reirse con la risa de otros, ¿por qué contenemos el impulso de llorar con otros? ¿Por qué si valoramos el sentido del humor encontramos vergonzoso el don del llanto?. Seriamos mucho más entendidos si nos permitiéramos llorar cuando queremos..

Sin embargo, hemos puesto las cosas de tal modo que uno ya no puede llorar ni por lo que debe. Por eso tienen mérito las personas que pasan los cuarenta conservando lo que peyorativamente se llama lágrima fácil.

Yo crecí admirando a la gente que lloraba, aunque al fin aprendí a no llorar como se debe. Tanto oí que eso era lo correcto, lo fino, lo valiente. Tanto, que me sonroja llorar tras la puerta cuando nadie está viéndome, cuando el nudo en la espalda me sugiere durante mas de una semana que la única cura sería llorar un rato sin buen gusto y sin miedo.

Casi cualquiera de nosotros ha tenido al menos un buen maestro del don del llanto, aunque a diario traicionemos sus enseñanzas para complacer al buen gusto y al arte de fingir fortaleza. Como si hubiera más valor en suicidarse que en seguir vivo, como si los que creen que se han acostumbrado al ruido no estuvieran en realidad quedándose sordos.

jueves, 4 de junio de 2009

D. Alonso Quijano

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Bacía, Yelmo, Halo.
Este es el orden, Sancho....

Roma y Stendhal

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Stendhal comenzaba sus memorias - Vida de Henry Brulard - contando su paseo por San Pietro in Montorio, sobre el Gianicolo, desde donde podia contemplar toda Roma. Era el 16 de Octubre de 1832 y el escritor, entonces Cónsul francés de Civitavecchia, veia aproximarse sus cincuenta años. Ante ese lugar, único en el mundo, ante esa Roma antigua y moderna, pagana y cristiana, Stendhal podía resumir la historia de la Humanidad que a él le interesaba y hacerla corresponder con la suya: "Voy a cumplir cincuenta años; y ya va siendo hora de conocerme. ¿Qué he sido? ¿Que soy? La verdad es que me veria muy apurado para decirlo"

Es justamente la contemplación de Roma la que lleva a Stendhal a preguntarse por su propia vida, y bajo su sombra iniciará el recorrido de sus recuerdos. Como ocurrirá en los Paseos por Roma, la ciudad, su pasado y presente, su estética y su moral, se convierten en la pauta para la evocación de una senda personal, vital, en la que se analiza al niño, al joven, para entender al hombre maduro en que se ha convertido su autor.

la Roma de Goethe

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Goethe viajó por Italia desde 1786 a 1788.Durante el viaje reunió una serie de notas que no publicaria, reelaboradas, hasta cuarenta años despues. Aquellos dos años fueron sin duda, los mejores de su vida, Junto con "Poesia y Verdad" su gran obra autobiográfica, son a mi parecer, lo que más nos puede acercar a su autor.

"Este viaje maravilloso no responde al deseo de formarme falsas ideas sobre mí mismo sino al de conocerme mejor... Cuando llegué aquí no aspiraba a nada. Y ahora sólo persigo que nada siga siendo para mí un mero nombre, una simple palabra. Quiero ver y descubrir con mis propios ojos todo aquello que se considera bello, grandioso, venerable...."
 

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